CADA UNO CUENTA LA FERIA...
¿Por qué me habré yo venío
y dejao sola mi güerta?
¡Por ná! Porque se empeñó
toíta mi parentela
y que tira y aflojando...
¡que me los traje a la feria!
Ahora tengo el compromiso
de escribirle a la carrera
a mi amigo, el señó Juan,
que dijo que le escribiera
y le dijera en un verso '
tó lo mejor de la feria.
¡Pero mi señó don Juan...!
¿Yo soy el Pastor Poeta?
Pero en fin, vamos al toro
y salga lo que Dios quiera.
Pues sabrá, amigo don Juan,
que sí, que estuve en la feria
y que estoy medio esrengao
también quiero Que lo sepa.
Pero vamos al principio.
pa que salga bien la cuenta.
Lo primero fue el capricho;
que tuvo la mi parienta,
en que me pusiera un traje,
que yo tengo de chaqueta,
y engarrotarme el pescuezo
con una corbata nueva.
Mire usté que yo le dije...:
¿Pero tú no ves, Manuela,
que yo no pueo respirar
cuando me pongo estas prendas?
¿Y pa qué se lo diría?
Se puso jecha una fiera
y que quieras o que no...
pues que se salió con ella.
Cuando al fin me vi en la calle,
con toa mi parentela,
además de nueve hijos,
el más chico con niñera,
se me peqaron tres primos
y siete primas solteras.
¡Y menos mal que no quiso
venirse también la suegra!
Y cuando en la calle el Peso
iba con media ronquera
de dar voces a los niños
pa que jueran por la acera,
sentimos un revoleo,
como si juera tormenta,
y empezó toíta la gente
a colarse por las puertas,
Que yo me dije: ¡Repuño!
¿qué viene que tanto suena?
Y como tós nos queamos
allí con la boca abierta,
se echó encima un bicharraco,
gruñendo más que una perra
y lo mismo que un chanquete
puso a la familia entera
con un traste que llevaba
que paecía una regaera.
Las siete primas chillaron.
Se desmayó la Manuela.
Los niños jicieron palmas,
pensando que era una fiesta,
y yo que estaba mirando
una cocinera tuerta,
al sentir la mojaura
me quedé jecho una pieza
y me tragué la colilla
de un cigarro de cosecha.
¡Y vaya cachondeíto
que se armó por nuestra cuenta!
Hasta un niñaco malage,
que pasaba en bicicleta,
me dijo con mucha guasa:
¡Qué pasa, amigo! ¿Está fresca?
No quise ni contestarle
por no enrear la maeja.
Cuando al fin se nos pasó
un poquillo la sorpresa,
jechos tós un remolino
nos colamos en la feria.
¡Y aquí fueron las fatigas...
y aquí empezaron las penas!
Como había tanta gente
subiendo las escaleras
que dan entrada al paseo,
y que resultan estrechas,
a un chico me lo treparon,
a una prima la despeinan.
A la mujer, de un porrazo
le rompieron tres ballenas
y yo, que vi los apuros
que pasaba la niñera,
tuve que coger en brazos
al más chiquito de teta
porque con el rebullicio
iban a jacerlo yesca.
¡Pues ya estamos disfrutando!
le dije yo a la parienta.
y me larqó una mirá
que por poco me atraviesa.
Después, por verme más libre
de tanta gente a mi vera,
a la mayor de las primas,
que yo la encontré más seria.
le largué por lo bajini
un güen puñao de pesetas
pa que llevara a los niños
a subirlos donde juera.
Cuando nos queamos solos
se le ocurrió a la parienta
el sentamos un ratillo
porque le dolían las piernas.
¡Y qué güén sitio pillamos!
Mú cerca de la caseta
y teniendo frente a frente
tó lo mejor de la feria.
Yo pedí un vaso de vino
y pa mi mujer cerveza.
¡Qué cosas vimos, don Juan,
allí sentaos en la mesa!
En la caseta de al lao
que paecía una colmena
de tanta gente que habia,
comenzó a tocar la orquesta.
Uno tocaba el tambor
el bombo y la pandereta.
Otro se aqarró al violín.
Otro cogió una trompeta
Y poniéndose empinao
comenzó a tocar falsetas.
Otro apañó una guitarra,
Que paecía una furgoneta,
y otro con dos calabazas,
no sé de qué estaban llenas,
comenzó a espantá mosquitos
con tantas ganas y apriesa,
¡Que tengo yo que ajustarlo
pa cuando duerma la siesta!
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Pues no le quiero decir
cuando en mitá la caseta
se pusieron a bailá
tanta gentesílla nueva.
Por lo menos cien muchachas
se juntaron para muestra.
¡Y pa qué le voy a contá
lo que ví en la carretera!
Pasaban los matrimonios,
ésto sí que daba pena,
Que iba el pobre del mario
con los niños dando güertas,
llevando dos de la mano
y el más chiquitillo a cuestas,
en tanto que la costilla,
más pujá que una ballena,
iba atrás comiendo polos
tan gustosa y tan compuesta.
Se vieron pasar los autos,
con más gente de la cuenta,
donde iban unas niñas
presumiendo en la lantera
como diciendo: ¡Aquí voy!
Soy la reina de la fiesta.
¿Y los coches de caballos?
¡Eso si que es cosa güena!
Un gachó más estirao
que un padrino con chistera,
en una mano la tralla,
en otra mano la rienda,
el sombrero encasquetao
por si el viento se lo lleva;
y lueqo dando más voces
que un maestro da en la escuela:
¿Y por qué dan tantos gritos
así de aquella manera?
¿Pa que se aparte la gente?
¡Pues que apañe una trompeta!
Totá, mi señó don Juan:
Que a las diez o diez y media
al frente de la prímita
reg¡Eso si que es cosa güena!
Un gach6 más estirao
que un padrino con chistera,
en una mano la tralla,
en otra mano la rienda,
el sombrero encasquetao
por si el viento se lo lleva;
y lueqo dando más voces
que un maestro da en la escuela:
¿Y por qué dan tantos gritos
así de aquella manera?
¿Pa que se aparte la gente?
¡Pues que apañe una trompeta!
Totá, mi señó don Juan:
Que a las diez o diez y media
al frente de la prímita
reqresó la patulea.
Me levanté haciendo palmas.
Nos pusimos tós en ruea.
Se presentó el camarero.
¿Cuánto debo? -Diez cincuenta.
¡Pero niño!: ¿Qué ha pasado?
¿Es que se ha volcao la mesa?
¿Me he queao con el traspaso?
¿Se ha puesto mala tu suegra?
y enmedio la discusi6n,
un niño que había a mi izquierda,
que estaba soplando un qlobo,
lo soplaría con tal fuerza,
que aquello peqó un berrío
que por poquito lo trepa.
¡Y no le diqo a usté ná,
la que se lió a mi vera!
El padre de aquel chiquillo,
que estaba echando cerveza,
del salto que vino a dar
cayó encima de la orquesta.
Se asombraron tres caballos.
Se quemó una buñolera.
Una señora que había
chupando un helao de fresa,
doloría por el reuma
y más lisa que una estera,
rompió un palo de la silla
y se cayó dando trechas.
Pero lo malo y peor
que ocurrió en esta tragedia,
fue que dos ciegos que había,
tocando con gafas negras,
al sentir el estampío
emprendieron tal Carrera,
que fueron tirando sillas.
mesas, vasos y botellas,
hasta que ya pa remate
por causa de su ceguera,
pusieron patas arriba
a una pobre avellanera.
Mire usté, señó don Juan,
aquello paecía la guerra.
Yo le empujé a la familia,
fui tirando de Manuela,
y en menos que salta un grillo
los puse en la carretera.
Una vez en campo libre
me puse a ajustar la cuenta
pa ver si faltaba alguno.
¡Pero aquello daba pena!
Los chiquillos destrozaos.
El moño suelto, Manuela.
Una prima sin tacón
otra con la lengua fuera.
El chupete del chiquito
que llevábamos de teta,
en vez de chuparlo él
lo chupaba la niñera.
y pa colmo de mis males,
aquella corbata nueva
que se empeñó la costilla
en que yo me la pusiera,
la llevaba cierta prima
sujetándose las medias.
y aquí. termino el relato
de tó lo que ví en la feria.
Si el año que viene vivo,
pué ser que a la feria venga,
pero si vengo es yo solo
sin corbata y sin chaqueta.
y también si tengo tiempo,
y salimos bien de ésta,
de lo que ví en la corría
se lo diré en cuatro letras.
Que usté se conserve güeno
es lo mejor que desea,
este amigo que lo es:
Nícasio Primo Contreras.
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