Antonio Roldán

Vida y obra

Poemas en la rebotica

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Poemas en la rebotica

Poemas manuscritos y mecanografiados procedentes de la colección de D. Bibiano Palma Garzón

 

 

Año 1950 y posteriores  
Escucha... Date prisa, carretero
Por la calle del Agua No profanes la saeta
Canto a Priego Al Cristo de la Sangre
Viernes  

 

Sin fechar  
Déjeme usted aquí en el cerro Lo que yo quisiera
¿Por qué le pegas al perro? Jesús bendice a los presos
Romance de la Virgen y el ladrón  

 

 

 

 

Año 1950 y posteriores

 

 

Escucha

Romance probablemente inédito. El nombre de Araceli Montes Reyes parece elegido para facilitar la musicalidad de los versos, sin que se corresponda con ninguna persona real.

 

 

 

 

 


Escucha...

Araceli Montes Reyes
lucentinita orgullosa
la de ojitos color noche,
la de labios de amapola:
No corras más los visillos
ni los postigos entorna,
ni pienses que vengo a verte
para hacerte una corona
con engarces de suspiros
que molesten tu persona.
Ni vengo porque me mires
ni vengo buscando novia
y si te daña el mirarme...
aquí me escondo en la sombra.
No recojas si no quieres
los sentires de mis coplas.
Desprecia, si así es tu gusto,
quien las coplas mal entona...
pero escucha mi guitarra.
La guitarra de alma mora
donde por sus cuerdas corre
calor de sangre española.
Escucha llorar la prima
por querer besar la rosa
que se prendió en tus mejillas.
Ahora es el bordón quien llora
celoso de los claveles
que te acarician y aroman.
Mas...espera, ya que saltan
de regocijo las notas
porque vieron la sonrisa
que se dibujó en tu boca.
Entre sus quejas y risas
se va entregando a ti sola.
Araceli Montes Reyes
lucentinita orgullosa:
Si no quieres...no me mires.
Si no me miras...no importa,
pero escucha mi guitarra...
la guitarra de alma mora.

Lucena 20 de abril de 1950

A. Roldán.


 

 

Date prisa, carretero

El siguiente poema estaba escrito en el dorso de una fotografía de don Cristóbal Pérez Arroyo dedicada a don Bibiano Palma. Debemos al hijo de éste, José Antonio Palma Robles, la aportación de esta obra inédita. Nuestro cordial agradecimiento.

 

 

 

 

 


Date prisa, carretero

Carretero lucentino
que montado en tu carreta
por caminos polvorientos
a paso lento te alejas;
si vas por las rubias mieses
que amontonas en las eras,
date prisa y vuelve pronto,
que al terminar la faena
impaciente por mirarte
tu lucentina te espera.

No dejes dormir la yunta,
que en el polvo se recrea,
que ya las sombras se alargan
y viene la noche cerca.

Tal vez ya tu lucentina
esté esperando en la reja
con su falda de percales
y su blusita de seda.
¿En dónde la conociste?
¿Fue quizás en la Barrera
cuando fuiste con la yunta
a pedirle agüita fresca?
¿O fue tal vez aquel día
cuando por la Plaza Nueva
quisiste decirle guapa
sin que tal vez te saliera?

.......

Carretero lucentino
que en el camino te alejas;
sigue si quieres cantando
al ritmo que van las ruedas,
pero por Dios, date prisa
en terminar la faena
que el querer de una chiquilla
te está esperando en la reja.

Lucena, Mayo 1950

A. Roldán
 

 

 

Por la calle del Agua

En la sección de Obra inédita (Segunda etapa) de esta página se incluye una versión ligeramente distinta a la que guardó D. Bibiano, y que parece ser posterior. Muchos años después se publicó este poema en "El Torralbo"

 

 

 

Por la calle del Agua

A mi buen amigo Juanito Palma
con un recuerdo cariñoso.

Perfumada con claveles
y adornada con reflejos
de un sol que poquito a poco
le da paso a los luceros,
aquel Domingo de Ramos,
para ver al Nazareno
la calle impaciente espera.
Mas ya no viene muy lejos.
Dos largas filas de hermanos,
vanguardia de aquel Cordero,
difuminan las aceras
con los semblantes cubiertos.
Ya viene, ya viene, dicen,
los que primero lo vieron.
Ya se ven las espirales
que sueltan los pebeteros
entre el brillo de la insignia
que llevan los cuadrilleros.


¡Padre mío, Padre mío!
murmuran algunos viejos
mientras grandes lagrimones
se les desprenden ardiendo.
Ya no puedo yo llevarte
sobre mis hombros resecos
como entonces te llevaba
cuando aquellos güenos tiempos.
Yo que tantos... tantos años
siempre fui tan güen santero,
soy ya la rama podría
que se va inclinando al suelo.
Pero siempre vendré a verte
mientras me tengan los güesos,
y te diré: ¡Padre mío!
Tú que siempre fuiste bueno
hazme en el cielo un clarillo
y seré tu manijero.


Las dos hileras de palmas
se ponen en movimiento.
Saltan sonrisas al aire
al choque de los floreros,
y entre el batir de tambores
queda la calle en suspenso.
¡Despacio, por Dios, despacio!
Despacito, manijero.
Mira que la calle observa.
Mira que miran los viejos
y que a veces se sonríen
pensando en sus buenos tiempos.
Llevadlo así, despacito,
siempre con paso sereno,
que aquel que en tus hombros llevas
es Jesús, el Nazareno.
Pero espérate un poquito.
Así, al hombro, meciendo.
¿Sabes por qué te lo digo?
Alza la vista un momento.
Aquella mujer bonita,
la de los ojazos negros
va a cantarle una saeta.
¿Oíste qué sentimiento
puso la niña en la copla?
Fue una pena, un lamento.
que se cuajó en su garganta
cuando escapó de su pecho.


Al conjuro de la copla
quedó la calle en silencio.
cual si flotara en el aire
la incógnita de un misterio.
Mas reaccionan los tambores
que fueron perdiendo el eco
cuando vibró la saeta.
Tamborero, tamborero,
que los pasos acompasas
de los sufridos santeros,
el ritmo de tus palillos
llévalo lento, más lento,
porque la calle se empina
y quedarán sin aliento
los que llevan la trasera.


Toca el timbre, manijero,
que aunque a ti no te lo digan
se cansan tus compañeros.
Y si mañana en la Junta,
cuando el vino haga su efecto,
te cantaran cuatro coplas...
se si pudiste o puedo,
en en cuenta que ahora mismo,
en este mismo momento
tal vez porque tú te luzcas
están haciendo un esfuerzo.


El susurro de las palmas
se fue perdiendo perdiendo...
y la poco solo en la calle
quedó el olor del incienso
y el recuerdo de una copla
que se cuajó en un lamento.

A. Roldán.

Lucena Enero 1951

 

No profanes la saeta

Este romance fue casi con seguridad inspirado en un hecho aislado que presenciaría el poeta, y que, como era su costumbre, lo reflejó en un poema.

 

 

 

 


 

(El texto que se incluye es posterior y presenta algunas diferencias con el mecanografiado)

 

No profanes la saeta

Lástima me da de verte
luciendo tu borrachera
camino de cualquier parte
igual que un barco sin vela.
Con tu sed, que no se acaba,
vas, de taberna en taberna
bebiendo vino del malo,
sin darte cuenta siquiera
que en muchas partes estorbas
y en otras muchas te echan.
Cuando encuentras quien te escuche
cantas coplas que te inventas,
y no es malo tu cantar
ni tampoco son tus letras.
Lo peor que vas haciendo
es profanar la saeta.
Si no sabes lo que haces,
escucha, que te interesa:
La saeta es algo grande
y no es cantar de taberna.
La saeta es la plegaria
que a Dios cantando se eleva.
Es la rosa que se abre.
Es piropo y es promesa.
Es lamento, es suspiro
y es al fin, angustia y pena.
Tú la arrastras por el suelo,
igual que tu borrachera
y en tu lengua entorpecida
me suena casi a blasfemia.
Calla, calla, no me cantes,
vamos a la Plaza Nueva,
que tal vez el Nazareno
esté penetrando en ella.
¿Lo ves? Como te lo dije.
Vente aquí, junto a la acera.
Ahora tú vas a cantarle
sin que se trabe tu lengua,
y canta lo que te diga,
que yo también soy poeta.
"No te olvides, Nazareno,
cuando mueras en la cruz
de darme un rayo de luz
para que pueda ser bueno
igual que lo fuiste tú".
Pero bueno, ¿qué te pasa?
¿También en tus borracheras
te da a veces por llorar?
¿Que esta vez lloras de veras?
Anda, que yo te convido.
Vámonos a la taberna.
Sigue cantando si quieres.
Sigue con tus borracheras,
pero, por Dios te lo pido:
¡No profanes la saeta!


12-2-51

A. Roldán.

 



 

 

 

Canto a Priego

Poema dedicado a su amigo D. Bibiano Palma. Esta composición fue premiada en Priego, y posteriormente publicada en los libros "A la luz de mis velones" y "Antonio Roldán Obra Poética". El primer verso "De claro rosicler se va tiñendo" dio lugar a una sabrosa discusión entre gentes cultas de Lucena, y entre ellas, con toda seguridad, D. Bibiano, sobre si había que escribir "tiñiendo" o "tiñendo". Al final ganaron los partidarios de la segunda (por convencimiento) y así se envío al concurso literario.

 

 

 

(Versión publicada)

CANTO A PRIEGO

(TRÍPTICO)

ALBA

De claro rosicler se va tiñendo
el cielo que amoroso te cubría,
y anunciando la luz del nuevo día
llega el alba las sombras descorriendo.

Tú despiertas ¡oh Prieqo! sonriendo
recibiendo la luz con alegría,
y tu risa recorre Andalucía
porque el viento veloz la va extendiendo.

De tu sierra, cuajada de romeros,
va llegando la brisa perfumada.
De tu campo, rumor de amaneceres.
y en el limpio cristal de tus veneros
se descubre, fielmente reflejada,
la figura gentil de tus mujeres.

SOL


Ya penetra la luz por tus hogares.
Ya despiertan cantando tus campanas,
y en el aire sutil de tus mañanas
cuaja un rezo que sube a tus altares.

Con canciones se alegran tus telares.
Rueda un canto de amor por tus besanas
y en tu huerta, que aroman las manzanas,
se mezclan con sudores los cantares.


Canta el agua que corre y va calmando
la sed con que se abrasan los trigales.
Canta el aire que cruza tu olivar.
y si el aire y el agua van cantando,
eres Priego, cantor de madrigales,
el único que inspira mi cantar.

LUNA

¡Priego, Priego! La luna está bordando
de tu fuente los chorros cristalinos,
y sus rayos, de tonos diamantinos,
las plantas de tu Virgen van besando.

La flor de tus mujeres va llegando,
lo mismo Que un cordón de peregrinos
y de rezos se cubren los caminos
mientras sigue la fuente murmurando.

y en tanto que copiando las estrellas
el agua mansamente se desliza
del seno de tu fuente centenaria,
en los labios, clavel de tus doncellas,
igual que se dibuja una sonrisa,
se funden la oración y la plegaria.

 

 

 

 

Al Cristo de la Sangre

Poema publicado, con ligeros retoques, en el libro "A la luz de mis velones"

 

 

AL CRISTO DE LA SANGRE

Pasé, Señor, por tu puerta
y estaban en tu quinario.
Un no se qué por mirarte
hizo detener mis pasos.
Entré, Señor, para verte...
mas me quedé horrorizado.
Cuajaretones de sangre
brotaban de tu costado.
Sangre por tus blancas sienes.
Sangre corriendo en tus brazos.
Sangre por tus pies divinos
ya de antes lacerados.

Y aquellas, las manos tuyas...
¡Tus manos, Señor, tus manos!
Deshechas y doloridas,
rotas por los duros clavos,
en vez de las manos tuyas
eran dos lirios morados.

¿Por qué, Señor, tanta sangre
tus heridas derramaron?

¿A qué tanto sacrificio
si seguimos siendo malos?

Cuando yo quise rezarte,
enmudecieron mis labios.
Quise besar tus heridas
y los miembros me temblaron.
Quise seguir de rodillas,
te quise seguir mirando,
pero al mezclarse mi pena
con un amargor de llanto,
no pude, Señor, no pude
y me marché horrorizado.

 

 

 

Viernes

Publicado en el decenario "Producción". En la copia contenida en esta sección figura al margen la siguiente dedicatoria:"A la Venerable Archicofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, a la que pertenezco desde mi niñez"

 

 

 

 

 

 

Viernes

La madrugada se viste
con los colores del lirio.
La luna con mil luceros
va reflejando el camino
por donde irá el Nazareno
apurando su destino.
Llegad, hermanos, llegad,
encended ya vuestros cirios,
que la luna palidece
viendo padecer a Cristo.
De arriba, del campanario,
van cayendo los tañidos
que desgrana la campana.
Corre un murmullo ¡Las cinco!
Un viva, largo, sonoro,
envuelto en un solo grito.
Un preludio de saeta.
La saeta es un gemido
que apuñala la mañana
cual puñal de doble filo.
"Señor te van injuriando
sin haber dado motivo.
Dejadme llevar tu Cruz
y que padezca contigo".
La mañana se estremece
con temblor de escalofrío.
Oh, Judas, que malo fuiste.
Pronto vendrá tu castigo.
Cada paso es un dolor.
Cada piedra es un suplicio.
¡Señor, Señor, no comprendo
cómo puedes Tú sufrirlo!
De cada gota de sangre
brota la flor de un espino.

Flores son de las espinas
que en su frente le han prendido.
Sobre el calor de las calles
pena y dolor se han fundido
y salta nueva saeta
de algún lugar escondido.
"Golondrina, golondrina:
deja el calor de tu nido
y arráncale las espinas
que en su frente han florecido"

. . .

De luto viste la tarde
y se deshojan los lirios.
Callad, hermanos, callad,
callaros que ha muerto Cristo.
Por un sendero de llanto
sigue la Madre a su Hijo,
y a cada lágrima suya
rueda en la tierra un gemido.
¿Por dónde te fuiste, Judas?
¿En qué lugar escondido
estás quemando tus manos
con el dinero maldito?
Nuevamente la saeta
rasga con su agudo filo
la tristeza de la tarde.

Cuaja en la brisa un suspiro
y envuelto en olor de cera
se queda el Pueblo dormido.

Abril de 1951

A. Roldán

 

 

Sin fechar

 

Déjeme usted aquí en el cerro

Romance representativo de la sensibilidad del poeta y sus preferencias. El texto que se incluye pertenece a otra fuente manuscrita.

Se incluye entre los poemas sin fechar aunque consta que se escribió en el año 1946.

 



 

 

¡Déjeme usted aquí en el cerro!

No me jaga usted, mi amo,
más veces que baje al pueblo.
Déjeme usted aquí en el campo.
No me mueva usted del cerro
que a la vera del ganao
Quiero seguir siendo güeno.
Aquí, que respiro el aire
perfumao por el romero,
por jarales y tomillos
que esparcíos por el suelo
nos ofrecen sus olores
sin cobramos ningún sueldo.
El aire que no es viciao
como el aire de allá dentro
que se cuela en los pulmones
y con su lengua de fuego
va matando poco a poco
igual que mata un veneno.
Aquí. que alumbra la luna
por las noches desde el cielo
con los reflejos de plata
que despiden sus cabellos...
y que si la luna falta
siempre quedará remedio
de seguirnos alumbrando
con la luz de algún lucero.
Aquí que tiendo la vista
y diviso allá a lo lejos
aquella Ermita mú blanca
que tiene a la Virgen dentro...
que esa sí que es de verdad
lo mejor que tiene el pueblo.
Aquí, que duermo arrullao
por los quejíos del viento
con la conciencia tranquila
del que nada malo ha jecho.
Aquí con mi perro fiel.
¡Cuánto me quiere mi perro!
que se acuesta junto a mí
de noche a velar mi sueño.
Si es preciso, a defenderme
con sus colmillos de acero.
En el Pueblo tó es mentira.
Toíto es mentira y enreo.
Mentira son las mujeres
que hasta cuando dan un beso
van buscando la cartera
pa cobrárselo en dinero.
Son mentira sus amores
y es mentira hasta su rezo
cuando las vemos en misa
cubiertas con el pañuelo.
¿Qué le rezan a la Virgen?
¡Eso quisiera yo verlo!
Que allí van a criticar
a toíto el mundo entero.
- Mira que Fulana es fea
y lleva mal puesto el velo
- Y aquella lleva un vestío
arreglao con otro viejo-
-Pues Zutana tiene un novio
que no puede ser mas feo-
- Y aquella vieja se pinta
¡Todo un puro chismorreo!
Y si alguna se da cuenta
que la mira algún mozuelo,
saca corriendo del bolso
un muy pequeñito espejo
y mira si está mú guapa
como sería su deseo.
De los hombres... no hay que hablar
Tós son falsos y embusteros.
Sólo piensan en lucrarse.
Solamente en el dinero.
Sin que muerda su conciencia
todo el mal que están haciendo.
Las madres... ¡también mentira!
Yo ni en las madres ya creo.
que abandonan a sus hijos
cuando se van de recreo
en manos de gente extraña
que no sentirán desvelo
si de noche llora un niño
porque tenga un mal ensueño.
Y no es eso lo peor.
Todo lo malo no es eso.
Que algunas niegan al hijo
la leche que da su seno
para poder presumir
de la esbeltez de su pecho.
¡Y eso no lo manda Dios!
¡Eso Dios no puede verlo!
Por eso me queo aquí
que aquí en el campo tó es cierto.
En el Pueblo tó es mentira
como lo sabe usted mesmo.
Así que déjeme usted
aquí solito en el cerro
y no jaga usted, mi amo,
más veces que baje al Pueblo.
 

 

Lo que yo quisiera

Soneto recogido en el libro "Antonio Roldán - Obra poética"

 



 

 

 

 

Lo que yo quisiera

------------------

No quisiera ser luz que te ilumina
ni brisa que perfumas con tu aliento,
ni la luna, que entrando en tu aposento
contempla tu figura alabastrina.

Tampoco quiero ser la golondrina
que se lleva veloz tu pensamiento,
ni quisiera beber, aunque sediento,
de tus labios el agua cristalina.

Por ser el dueño que se entró en tu pecho
rompiendo de tu orgullo las cadenas
y allí poder por fin formar un lecho
donde puedan dormir todas mis penas,
buscando yo el camino más derecho
quisiera ser la sangre de tus venas.

Antonio Roldán

LUCENA

 

 

¿Por qué le pegas al perro?

Poema dedicado a su hijo Antonio, tomado quizás de algún hecho real que fue aprovechado por el poeta por su efecto ejemplificador.

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Por qué le pegas al perro?

A mi hijo Antonio con mucho cariño
y que sirviéndole como ejemplo
no maltrate a los animales.

Paseábame una tarde
por el Pueblo distraído,
cuando pasó por mi lado
un perrillo enflaquecido
que buscaba su alimento
con paso tardo y cansino.
Sin perder de vista al perro
fui siguiendo mi camino,
y de pronto...¡qué delicia!
Aquel pobre animalito
encontróse un hueso grande
sin saber por donde vino.
¡Cómo mira a todas partes!
¡Cómo corre enloquecido
pensando en aquel banquete
que le presenta el destino!
Pero quiso la desgracia
que por quedar escondido,
metióse a comer el hueso
a la entrada de un casino.
Apenas el pobre perro
hincóle al hueso el colmillo,
un muchacho que allí había,
bien portado y bien vestido,
de los que sólo se ocupan
de cuidar su bigotito,
le dio con gran fuerza al perro
un puntapié en el hocico,
que hizo dar al animal
un doloroso alarido.
Aquel acto del muchacho,
yo nunca pude sufrirlo
y le dije sin rodeos:
Eso que has hecho es indigno.
¿Por qué le pegas al perro?
¿Es que acaso te ha mordido?
y contestó con el aire
de un gran señor ofendido:
El perro mordiendo el hueso
producía cierto ruido,
lo que me impedía leer
la crónica del partido,
teniendo tanto interés
en saber quién ha vencido.
Me quedé mirando al mozo
y todavía no me explico
como a aquel pollino fruta
no le di su merecido.
Pero le dije con rabia:
que tengas bien entendido
que el que pega a un animal
sin haber dado motivo,
si ante los hombres no es
ante Dios tiene delito.
Y además que el corazón
por algo estará en su sitio.
Me marché de allí asqueado,
llamé al perro con cariño
y cogiéndolo en mis brazos
lo llevé a mi domicilio,
donde desde entonces come,
y está tan agradecido,
que no me arrepentiré
de haberlo yo recogido

Antonio Roldán.


 

 

 

 

Jesús bendice a los presos

Publicado en el número 10 del Decenario "Producción"- Abril de 1953

 

Jesús bendice a los presos

La plaza se va llenando
con un perfume de incienso.
El murmullo del gentío,
que más que murmullo es rezo,
se va filtrando en la cárcel
donde van formando cerco
los centenares de hermanos
que a Jesús vienen siguiendo.
Con el alma dolorida
los presos hablan por dentro.
- Ya poco tarda Jesús.
- Poco tarda, compañero.
Y aquellos hombres se incrustan
contra el frío de los hierros.
Destrozado por la Cruz
llega un Jesús casi muerto.
¡Padre mío, tu perdón!
¡Tu bendición, Nazareno!
Y abriendo Jesús los brazos
los perdona bendiciendo.
En el momento sublime
en que se paró hasta el viento,
una saeta se fragua
en la garganta de un preso.
"Estoy cumpliendo condena
y me guarda un carcelero.
Rompe, Señor, mi cadena,
que ya bastante es mi pena
con no ser tu manijero"
Los corazones más duros
se reblandecen por dentro.
Y mientras Jesús camina
arrastrando su tormento,
agarrado al hierro frío
un hombre llora en silencio.
¡Qué pena, pena más grande,
en Viernes Santo estar preso!

 

 

 

Romance de la Virgen y el ladrón

Este romance no figura en ninguna otra recopilación del poeta. Da la impresión de ser una primera prueba que después abandonó.

 

 

Romance de la Virgen y el ladrón

Es de noche y ya muy tarde.
Una mujer llora y reza;
reza por un hijo suyo,
llora agobiada de pena.
Hace tiempo que su hijo
perdió sus costumbres buenas.
Ahora llega tarde a casa;
llega tarde... o no llega.
¿Qué hará su hijo a esas horas?
Pensarlo no quiere ella
y sin embargo, la duda
el corazón le atraviesa.
¿Qué estará haciendo mi hijo?
se pregunta mientras reza.
¡Pobre mujer! No preguntes
- el silencio le contesta-.
Es mejor que tú lo ignores,
es mejor que nunca sepas
lo que tu hijo está haciendo
esta noche que tú velas.
Y aquella mujer, transida
por el dolor y la pena,
fija sus ojos llorosos
en una estampa que cuelga
de una pared. Es la imagen
de una Virgen dulce y buena,
de la Virgen de Araceli
la Patrona de Lucena.
Y así dice: ¡Virgen Santa!
Tú sabes lo que son penas,
pues que también fuiste madre.
¡Virgen Santa! Tú eres buena.
Haz que mi hijo se enmiende
y vuelva a la buena senda.
Y en el silencio nocturno,
aquella madre que espera
a su hijo tan querido
gime y llora, llora y reza,
dolorida y temblorosa
hasta que dormida queda.
Y dormida tiene un sueño
y hasta su alma se hiela,
de espanto y de confusión.
¿Queréis saber lo que sueña?

II

Sueña en un templo muy grande
todo él de mármol recio.
Un templo cuyas columnas
-prodigio de arte hecho rezo-,
que sustentan hace siglos
vigorosamente el techo,
forman un bosque de piedra
sombreado de misterio.
Es un templo con altares
espléndidos cuanto austeros,
en cuyo fondo destaca,
sobre el rico presbiterio,
un retablo hecho de bronce,
tallado más con el fuego
de la fe, que con cinceles,
por un artista severo.
Y sobre el Altar Mayor
está la Reina del Cielo.
Es la Virgen de Araceli
que, guardada en San Mateo,
Lucena entera venera
desde hace años sin cuento.
Las tinieblas poco a poco
ya van invadiendo el templo.
Los fieles se han retirado
y todo queda en silencio
cuando la luz ya no entra
por las ventanas adentro
porque la noche ha tapado
al sol con su negro velo,
un sacristán con las llaves
cierra las puertas del templo.
Y todo queda en las sombras
sumido en tan gran silencio
que puede escucharse incluso
el tictac pausado y lento
con que mide el tiempo inerte
el reloj del presbiterio.
Mas unos pasos de pronto
se oyen sobre el pavimento
que quieren ser silenciosos;
pero es tan grande el silencio
que el roce leve y suave
del zapato con el suelo
no puede dejar intacto
el silencio del momento.
No hay duda; un hombre se llega
vacilante al presbiterio.
No puede verse su rostro
que está en las sombras envuelto.
Ya sube las gradas breves
que a aquel lugar dan acceso.
Ahora la luz de la lámpara
le da en el rostro de lleno.
¿Será posible, Dios mío?
exclama la madre en sueños.
Mas no cabe duda; es cierto.
Aquel hombre que ha salido
de las sombras del misterio
es su hijo;¡qué momento
más terrible el de la madre
que tiene este terrible sueño!
Pero, ¿por qué está mi hijo
a estas horas en el templo?
se pregunta toda llena
de zozobra y de tormento.
Y esta trémula pregunta
queda en el aire en suspenso.
El rostro del hijo infame
aparece como espejo
de un alma sucia y podrida.
Tiene los ojos abiertos
despidiendo una mirada
más que terrena de infierno;
la frente tiene arrugada
y despeinado el cabello
aquel hombre malo empero
no osa levantar la vista
que tiene fija en el suelo.
Estuvo así unos instantes
del presbiterio en el centro,
cuando una voz melodiosa
dijo con suaves acentos:
¿Qué buscas aquí, hijo mío?
y él, hombre de pavor lleno
no contesta a la pregunta,
respirando con anhelo.
Mas la voz vuelve a decir
con su melodía de cielo:
No hace falta que respondas,
porque en tu frente yo leo
lo que hasta aquí te ha traído
en esta noche de enero.
De pronto el hombre alza su rostro
libre del horrible ceño
que le daba de diablo
aquél fatídico aspecto
clamando con una voz
que en todo el templo halla eco:
-¡Perdóname Virgen mía!
¡Perdóname! te lo ruego.
Tú sabes que yo he venido
porque no tenía dinero
porque todo lo he perdido
en mis vicios y en el juego.
Madre mía de Araceli
maldigo mi pensamiento
por el que vengo empujado
en esta noche de invierno;
pero yo te juro Madre
que de veras me arrepiento.
La Virgen desde el altar
le mira con ojos tiernos
y con su voz celestial
así torna a hablar de nuevo:
-Si tú has querido mis joyas,
toma, yo te las entrego,
porque no quiero que sufras
lleno de remordimientos.
Y aquel hombre corrompido
cayó de hinojos al suelo
diciendo con un sollozo
que se escapa de su pecho:
- Esas joyas que me ofreces
aceptarlas yo no puedo;
la joya de tu perdón
es la única que quiero.

III

En este punto la madre
despertó sobresaltada.
De nuevo la luz del día
entraba por la ventana.
¡Qué sueño, Dios mío, qué sueño!
la pobre mujer pensaba.
Y con su negra toquilla
sobre la cabeza cana
salió de casa despacio
para ir a misa del alba
que se dice en San Mateo
todas, todas las mañanas.
Lucena aún está dormida
que es casi de madrugada.
Al entrar en la parroquia
su hijo sale con calma.
Y el hijo y la madre al verse
estrechamente se abrazan
y después ambos entraron
en la iglesia solitaria
y al terminar de la misa
juntos tornaron a casa.

IV

Y cuentan las tradiciones
que aquel hijo fue de nuevo
el apoyo de su madre
y cuando aquella hubo muerto
se retiró arrepentido
a un lejano monasterio.