Antonio Roldán

Vida y obra

Semblanzas y recuerdos

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Nació el 15 de agosto de 1005. Murió el 22 de abril de 1988. Educado en el Colegio de los Hermanos Maristas, donde hizo sus estudios primarios, únicos que tenía, era amante de la música, estudiando la guitarra clásica y flamenca. En el año 1931, fue cofundador de la Agrupación Musical "Amigos del Arte", (de la que, la que luego fue su esposa forma parte) que actuó en muchos pueblos de esta Provincia, hasta llegar a Córdoba, Capital, donde tuvo lugar en el Teatro "Duque de Rivas", el famoso concierto en el que se obtuvo un gran éxito, recordado aún por las personas de aquella época. Esta Agrupación se disolvió al comenzar la Guerra Civil.

 

Siempre tuvo inquietudes por las diversas artes, sintiendo predilección,-aparte de la música y de la poesía-, por el mundo del Teatro, hasta el punto de participar en las actividades desarrolladas en la Agrupación Cultural Lucentina, de la que fue un año Presidente, y en la de Barahona de Soto, siendo en numerosas ocasiones miembro de los Jurados Calificadores de los Certámenes que ésta última llevaba a efecto.

 

Fue miembro de la Cofradía de María Santísima de Araceli en el año 1958. En cuanto a la poesía, que con la música fueron las que más cultivó a lo largo de toda su vida, he de decir que, aunque vivió siempre con él, porque era un poeta nato, Lucena no conoció esta faceta suya hasta que, con motivo de la Coronación de La Virgen, se empezaron a publicar sus trabajos, en las diversas Revistas que existían aquí.

 

Sus versos no sólo iban dirigidos a exaltar a la Santísima Virgen de Araceli, que fue su gran amor, sino que resaltaban el costumbrismo de nuestro pueblo, también en su Semana Santa, donde hizo un canto a las Imágenes más representativas de ésta, especialmente de Nuestro Padre Jesús Nazareno, como fue "Viernes", "Jesús bendice a los Presos" y otras.

 

En su extensa obra poética, también tuvieron cabida los personajes populares de nuestra Lucena, como fueron "Perico el Gitano", el "Pescaero", etc., ocupando un lugar de privilegio sus Fiestas Populares, como "La Feria del Valle, sus "Verbenas" y otras.

 

El Santuario de Aras fue uno de los lugares que más despertó su inspiración, como puede verse si leemos detenidamente "El Chavalillo en la Ermita", "Un nido en las cumbres" y algunas más. La Santería también aparece en sus poesías, porque, como amante de este arte popular lucentino, dejó unos versos en los que se establecía un diálogo entre la Virgen y su Manijero, que patentizaba el amor de Ella y la veneración de él, que la cubre de piropos.

 

Los lugares típicos de Lucena han quedado reflejados fielmente en su obra como "La Cruz de la Barrera". la "Calle de la Parra" y otros rincones de nuestro pueblo.

 

La Cofradía de la Santísima Virgen, le testimonió su agradecimiento por sus versos dedicados a Ella, otorgándole el título de "Cantor oficial de la Virgen", como constará en las actas correspondientes. La Bandera de la Cofradía lo envolvió en su última hora, hecho éste que su esposa, aprovechando esta ocasión, agradece públicamente la delicada atención para con él, por los miembros de la misma.


No sólo escribía sobre Lucena, sus Imágenes, su Virgen, sino que también encontramos en sus versos sus más íntimos sentimientos, sus quereres más profundos como "Las Manos de mi Esposa" y todo lo que le inspiraron sus padres, su hermano, sus hijos e incluso sus nietos.


En el año 1956, siendo Alcalde de la Ciudad D. Daniel León Gutiérrez, el Excmo. Ayuntamiento de Lucena acordó editar el Libro "A la luz de mis Velones " en los que se recogía una parte muy importante de sus versos, y cuyo prólogo lo hizo D. José María Pemán. La primera edición se agotó y no se volvió a pensar en hacer una segunda.


Tampoco olvidó a Córdoba en sus versos como se demuestra con el dedicado al Pintor Julio Romero de Torres, ni a nuestra Andalucía, que dibuja en esas Ocho Rosas que constan en el libro.


La Voz queriendo hacer un pequeño homenaje a este gran hombre, lucentino y aracelitano, ha entrevistado a su esposa para así, a través de ella intentar conocer al igual algunas de sus facetas intimas.


El romance de Concha y Antonio podríamos llamarlo de "Profesor y alumna" ya que él, profesor de guitarra, le daba clases y aunque era bastante mayor que ella, el flechazo fue inmediato.


.-Concha, ¿cómo y cuando conoce a su marido?


Conocerlo de toda la vida, yo venía del colegio y él estaba esperándome para darme clases de guitarra entonces, fue un trato continuo y para mí no había otro hombre.


¿Siempre ha vivido en Lucena?


Sí, yo me casé a los 21 años, y nos fuimos a vivir a la calle Jaime, Antonio era muy amante de Lucena y de su casa ya pesar de que nuestros hijos se nos fueron a vivir a Madrid, él no quería moverse de aquí quería vivir y morir en su casa, y fue así, allí murió. Más tarde yo me marché a Madrid con mis hijos pues ya la casa me pesaba mucho.


.- ¿A quién o para quién escribía Antonio?


Antonio era muy amante de la naturaleza, siempre que podíamos paseábamos por el campo, luego cuando se hizo mayor y no podía se decidió a cuidar los jardines de la casa, por eso, él escribió mucho a la naturaleza, por supuesto a Lucena y su Virgen y como no a mí, en los versos no está reflejado ni mucho menos lo que me quería.


Tengo en mi patio violetas,
tengo rosas y alhelíes,
claveles en las macetas
y perlas cuando te ríes.


En las cruces de tu reja
yo voy clavando mis coplas
y tú las vas desclavando
para que te cante otras.
 

Cuándo la muerte me agarre
tiene que hacerlo bien fuerte
porque yo, por no dejarte
he de luchar con la muerte.
 

.-¿Se sabe cuando empezó a escribir?
 

Siempre hizo coplillas pero cuando empezó a escribir en serio fue a raíz de la Coronación de la Virgen.


.- ¿Es verdad que se inspiraba en Concha a la hora de escribir?


Sí, desde luego su musa fui yo, a mí me tiene muchas poesías hechas, para él yo tenía todas las virtudes.


.- ¿Hay alguna que no haya visto la luz?


Sí, hay algunas intimas que sólo las conozco yo. El amor nuestro fue sosegado, tranquilo, pero ni él podía vivir sin mí ni yo sin él. Antonio era muy sensible, humano, le gustaba todo lo sencillo, las flores, los pájaros, la música y evidentemente la poesía.


.- ¿Le han hecho algún homenaje a Antonio fuera de Lucena?


En América le publicaron "las ocho rosas" ésta es una bonita poesía que habla de las ocho provincias andaluzas, también escenificaron muchas poesías como "El chavalillo en la Ermita", de las que luego nos mandaban un reportaje gráfico, fue allí donde de verdad reconocieron su valía.


.- ¿Necesitaba estar sólo para escribir?


Sí, solo, él tenía un rinconcito con su butaca, su guitarra y una librería con sus cosas, todo esto lo conservo yo en Madrid igual que estaba aquí, pero al margen de esto cualquier palabra que decían sus nietos o yo, enseguida la hacía poesía, incluso a los nombres de las nietas, un ejemplo de ellas es esta que le dedicó a su nieta María del Mar.


¡Qué bonito nombre tienes
para poderlo rimar!
la dulzura de María
y la bravura del mar
un nombre con muchas mieles
mucha gracia y mucha sal
¡qué bonito nombre tienes
para poderlo rimar!
 

.-Concha, ¿le gustaba a usted la poesía y la música o se fue haciendo poco a poco a las costumbres de Antonio?
 

Siempre me gustó pero al vivir con él lógicamente se va acrecentado esta afición, nuestras charlas iban siempre encaminadas a este tema además nuestros gustos eran afines hasta el extremo de que antes de terminar cualquier poesía me la enseñaba a mí para saber mi opinión y si yo le veía algún fallo lo quitaba sin pensarlo.


.- ¿Quiere añadir algo más?


Sobre su obra lo he dicho todo, sobre él no tengo palabras, solo te digo que si volviera a empezar a vivir lo volvería a hacer con él.

 

Nosotros no queremos pecar de reiterativos al afirmar que nadie es profeta en su tierra pero los hechos confirman nuestras palabras, este artista, lucentino,  aracelitano por los cuatro costados vivió por y para Lucena y solo los más íntimos reconocieron su valía, un hombre al que como mínimo se le debía de haber dedicado el nombre de una calle y que por el contrario no se le ha sabido dar su sitio. Lucentinos como éste que por desgracia hemos perdido son los que nos hacen falta para que de una vez por todas podamos dejar de hablar de la "apatía lucentina".